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¿Qué es la Escritura terapéutica y cómo te ayuda?

Escribir ordena la mente sobre el pensar.

La psicología y técnicas de terapia llaman escritura terapéutica al conjunto de ejercicios que se basan en que quien escribe vuelque en sus palabras escritas los pensamientos y las emociones que verbalmente no puede por un motivo u otro, o varios a la vez. La escritura terapéutica te puede ayudar en tu día, como herramienta de relación con el mundo, en tus relaciones, y en la relación más importante e íntima, que es la que mantienes contigo mismo.

Confieso que me resistía a usar el término escritura terapéutica. Como escritora que me concibo desde los 9 años, creo que extraer así el adjetivo terapéutico me parecía destacar por encima de los demás uno de los muchos y buenos conceptos que encierra la palabra “escritura”.

Pero entiendo que, en las últimas décadas, se haya denominado así, como escritura terapéutica, cuando los terapeutas guían a sus pacientes hacia los infinitos beneficios de ejercicio de escribir.

Deslizar un bolígrafo sobre el papel y comenzar; sentarse frente al ordenador y teclear, sin pensar en la siguiente palabra que tu cerebro va a ordenar a tus dedos imprimir en el folio en blanco; resulta muy liberador.

Cervantes dijo “la pluma es lengua del alma”.

Y la mejor prueba del poder de la escritura terapéutica es un escritor. Cualquier escritor literario y/o creativo es el mejor ejemplo del poder de sanación que puedes lograr en tu vida a través de la escritura, por eso le puedes añadir, siempre, lo de terapéutica cuando usas, sin pensarlo o por prescripción de tu terapeuta, un boli y un papel para ordenar tus ideas; cuando llegas a la conclusión de que tal vez una carta pueda ayudarte a decirle a esa persona lo que quieres transmitirle, o lo que te quieres decir a ti mismo.

El escritor italiano Giovanni Papini sentenció que “si un hombre cualquiera…, supiera narrar su propia vida, escribiría una de las más grandes novelas que jamás se hayan escrito”.

¿Has oído decir eso, que resulta hasta manido, pero que no por ellos es menos cierto, de que el autor deja parte de sí mismo en su obra? Ahí radica el hecho de que cualquier obra literaria es un ejercicio de escritura terapéutica. En muchas ocasiones el creador solo es consciente del efecto terapéutico, del trabajo de aprendizaje en torno sí mismo, al releer su obra.

Pero entremos en materia.

Aunque ya te he mencionado algunos de ellos, te voy a enumerar los que considero básicos y que puedes practicar de inmediato y notar sus beneficios:

Coge papel y lápiz o ponte frente al ordenador, lo que prefieras —recomiendo la sensación primera del contacto con el físico del papel el tipo de “pluma” que escojas, por lo relajante que es y por lo bueno que resulta para descansar la vista—:

1.- Sin pensar.

Escribe lo primero que se te ocurra, sin pensar, y sigue unos minutos. No te pongas ningún límite moral cuando lo hagas. No autocensures lo que te pase por la cabeza en ese momento. Escríbelo todo. Si, algunas palabras o líneas más adelante, según avanzas, tu instinto te pide encauzar algo más, ordenar de otro modo esa frase que te surge, que quieres expresar de otra manera… no te cortes… hazlo. Y si luego te vuelve a llamar la voz del caos y se adueña de nuevo del lápiz, de tus dedos en el teclado, no te cortes… y hazlo de nuevo. Luego lee lo que has escrito sin juzgarte. Tal vez comprendas alguna cosa, tal vez descubras algo sobre ti mismo. Tal vez te guste la experiencia y la repitas…

Puede que en algún momento te hayas sentido extraño leyendo las líneas que acabas de escribir. Tranquilo, es una de las ventajas de la escritura terapéutica; tomar distancia de uno mismo a través del ejercicio de escribir. En el espacio de esa distancia, te separas de lo escrito y, por tanto, te separas de ti mismo lo suficiente para que, de gigante hacia ese lugar que acabar descubrir; descubrirte a ti mismo. Habrás avanzado hacia tu paz interior y tu bienestar mental.

2.-Uno mismo.

Es otro ejercicio inicial muy potente de escritura terapéutica.

¿Te has dado cuenta ya de lo complicado que te resulta hablar de ti mismo a veces, y que esas ocasiones suelen ser importantes para ti por algún motivo?

Te resultará mucho más fácil si lo haces primero con el papel como único interlocutor, porque en realidad, no hay nadie más que tú y tu intimidad.

Si no tienes una buena opinión de ti mismo, si te hablas mal a menudo, aunque creas que no es importante, si te das permiso para cometer acciones de las que luego te arrepientes, si te ves incapaz de emprender alguna tarea, algún reto que te ilusiona o simplemente la vida te ha puesto frente un desafío inesperado y te sientes incapaz. Dicho en términos de terapeuta; tienes problemas de autoestima… verbalizar cuestiones sobre ti mismo puede que te resulte difícil.

Escribe sobre cómo te ves, cómo crees que es tu personalidad, como te ves físicamente, si hay partes de tu cuerpo que te gusten, si no te gustan, por qué no te gustan, tu voz, los defectos que crees que tienes, y las virtudes. Al igual que en el ejercicio anterior, evita censurarte, se honesto contigo mismo a través del papel, ejerce esta escritura terapéutica que en este momento es solo suya y de nadie más. Vuelca en el papel las seguridades y las inseguridades que crees tener.

Con cada palabra, trazas el perfil de ti mismo, y ves con más claridad lo que te gusta más o menos y, por lo tanto, localizas tus elementos, de la clase que sean, te provoquen reacciones agradable o no, y consigues un cuadro general detallado de tu persona.

3.-Un infalible. Tu diario.

En este nivel inicial, y dado que ya hemos dicho que la escritura terapéutica se ha destacado así por la fuerza que tiene para ayudar al propio individuo en su fuero más interno, te propongo que sigas profundizando en ti con otro ejercicio, que en esta ocasión se dilatará tanto en el tiempo como tú elijas. Se trata de que lleves un diario.

En realidad, es una prolongación natural del segundo ejercicio; una vez que has comenzado a describirte, el paso siguiente es describir cómo afrontas el día a día, lo que te sucede en tu interior y cómo percibes tu exterior cotidiano. Te sorprenderás a ti mismo al ver en el papel apreciaciones que están en ti y que se olvidaban simplemente por la fugacidad de tus pensamientos que la mayor parte de tiempo ni siquiera verbalizabas. Al verlo escrito te descubres, te conoces, y a la vez te sanas a través de la escritura terapéutica.

Hazte con ese cuaderno que tanto te gusta, toma ese bolígrafo que sientes tan a acoplado a tus dedos, y escribe sobre lo que te pasa en el día a día. Llena esas hojas en blanco de tus sensaciones, tus pensamientos, tus sentimientos diarios. Cada día que lo haces, sumas seguridad en ti mismo, porque pones orden el cómo te sientes, en lo que piensas, a la vez que pierdes miedo a expresarte, primero en el papel, y llegará el día que te expreses con esa seguridad en voz alta, aunque no tenga por qué ser que hables de los mismo que escribes, o al menos no de la misma forma. Nunca se escribe como se habla, aunque te lo pueda parecer.

El diario es tu confidente, tu aliado secreto de escritura terapéutica, al igual que el trozo de papel que cogiste para el primer ejercicio, por eso, la absoluta sinceridad, honestidad interior, sin cortapisas para contigo mismo sigue siendo indispensable.

Llevar un diario lo puedes hacer de muchas maneras. Puede ser de un tema concreto de tu día a día, o en general, de una situación concreta que se da en tu rutina.

4.-Tus sueños.

Este ejercicio de escritura terapéutica es muy bello e inspirador para mi alma literaria. De hecho, sigo practicándolo,

Hace años que escribo mis sueños. Y te voy a contar la historia de por qué lo hago:

No me siento en casa si no tengo un libro, lápiz y papel, en la mesilla de noche, a la misma distancia de mi brazo que el despertador, este último para poder apagarlo con rapidez, el primero para agradecer cada día la razón de mi estar en este mundo, los segundos, lápiz y papel, para recoger al vuelo esa imagen, esa idea con la que me despierto de golpe antes de que se me olvide, porque he abierto los ojos sabiendo que era algo que merecía la pena ser atrapado, y no solo porque mi instinto de escritora me diga que ahí hay una buena historia, sino, en primer y último lugar porque en el poso del recuerdo que se desvanece sobre el sueño que acabo de tener, está algo que sé, en ese instante, que es importante para mí de alguna manera.

Años después de empezar este hábito, supe que también era una muy buena herramienta de escritura terapéutica. No lo dudé; ya lo experimentaba.

Tu inconsciente te habla en tus sueños; expresa tus miedos, tus dudas, tus nervios, tu rabia, tus odios, tus apegos, tus agobios diarios, tus actos… cualquier elemento de lo que te hace persona puede tener reflejo en el mundo que creas cuando duermes.

Hay algunas sensaciones que quieres que se diluyan con la rapidez con la que enciendes el interruptor de la lampara de noche cuando lo buscas como antídoto a esa pesadilla… Pero esos sueños que no quieres que se vayan, son claves importantes, solo tú sabes el por qué, por cómo te han hecho sentir, por un mensaje, algo valioso que no se puede perder en la bruma de tu olvido.

Así que sí, tan sencillo como te recuerdes que, a partir de ahora, una libreta pequeña y un bolígrafo o un lápiz en la mesilla, y anota, las primeras palabras ahí, nada más despertar con esa sensación que conoces y que te acabo de describir, y no pares hasta sentir esa satisfacción… ; que espere el resto de tu vida en el segundo después. Una, otra, otra, otra, todas las palabras, inconexas o no. No pienses demasiado… tu inconsciente sabrá lo que tu mano ha de escribir antes de parar. El resto del día ya pensarás, o te volverás a dormir, si resulta que la necesidad de practicar tu escritura terapéutica se ha desatado en plena madrugada.

La sensación es magnífica, de haber atrapado algo de ti mismo que se iba, cuando acabas de escribir y lo les, y luego, cuando horas más tardes vuelves sobre ello.

Te recomiendo que incluso archives las notas por fecha y las ordenes, en una especie de diario de sueños, en el mismo cuaderno. Y si no quieres, tampoco hace falta, lo importante es que ejerzas tu propia escritura terapéutica.

Esos textos de escritura terapéutica, que pueden ser más o menos extensos, según la necesidad del momento, son el germen de una mayor reflexión sobre ti mismo, que te pueden llevar a iniciar textos de escritura terapéutica mayores, tras ese primer momento tras despertar del sueño, textos que tirarán del hilo que motivó la primera anotación.

5.-La carta ficticia.

Esta fórmula se usa como herramienta no solo en escritura terapéutica. Es una fórmula muy clásica porque funciona, siempre le resulta eficaz al que la escribe, de ahí el poder terapéutico del que hablamos.

Piensa en esa persona con la que tienes un conflicto de cualquier tipo y que provoca esa emoción en la que te sientes atrapado al pensar en ella; ira, enfado, tristeza, frustración, ansiedad, pero no aciertas en la manera de comunicarte con ella y conseguir transmitirle lo que sientes sin agrandar el conflicto, y eso te acaba generando, además, miedo al conflicto.

Escríbele una carta, con la fórmula de la carta formal: presentación “Estimado-a, espero que estés bien… te escribo porque…”; fecha; despedida; firma.

…¡Lánzate!…

No pierdas el foco de lo importante que es, repito que, hablando de escritura terapéutica, seas honesto contigo mismo. Pero aquí te doy dos caminos. Elige el que más te apetezca, según la ocasión:

  • Puedes ponerte mínimamente en el lugar del que recibe una carta formal, guardando ese respeto, cordialidad y corrección que te gustaría que tuvieran contigo a pesar de escribir cosas que puedan resultar molestas de escuchar.
  • De nuevo, ¡No te censures!

Si en esa carta que escribes, hay emociones negativas que sabes que vas a liberar mejor usando algunas formulas digamos, algo más subidas de tono, ¡no te cortes!, y vuelvo al principio de todo… ¡No te inhibas!

Este ejercicio de escritura terapéutica es ante todo tu carta ficticia, tuya y de nadie más, este espacio es solo tuyo.

Me di cuenta de una cosa; no hay apenas escritores que hablen de esto, que ayuden a otras personas, que les muestren la herramienta que tan bien conocemos los locos literatos, en lo mucho que te permite conocerte la escritura terapéutica.

Como escritora y creadora literaria, soy una enamorada de la palabra. Mi pasión y mi oficio me hacen ser más consciente de la importancia de las palabras en la vida de los seres humanos, cuando se materializan en la escritura, y cuando esa escritura ayuda a conocerse, a valorarse, a sanar cuerpo y mente, convertida en escritura terapéutica.

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Nieves - Mujer Escritora

Soy escritora, periodista, profesora, librera, vendedora. Entiendo a las personas porque las escucho. Tengo un don para redactar, escribir adaptándome a lo que el texto necesita, da igual la naturaleza de lo escrito.