Nuevo libro ya a la venta: FLORES SECAS

Madrid me ordenó escribir mi primera novela «Flores Secas. Vidas del Palacio Xort»

Ese instinto asesino de escritor que me dicen que he desplegado en mi novela Flores Secas, vidas del Palacio Xort, lo tengo desde los diez años. Justo desde que escribí aquella primera redacción, el primer relato de una noche de verano, y toda mi clase se quedó embelesada recordando sus propios juegos estivales.

Me gustaban ya las historias de palacios como el Palacio de Xort de mi novela Flores Secas; los relatos de Agatha Christie y adivinar en ellas quién era el asesino antes que la autora lo desvelase; las historias de ricos y pobres, señores y criados como los de Flores Secas, vidas del Palacio Xort; la Historia de mi país, España. Me emocionaba sentir el tacto de las piedras de casas antiguas, de los grandes edificios de Madrid cuando paseaba la ciudad con mi familia, muchos años antes de que supiera que hubo un Palacio así en el Paseo del Prado de Madrid, frente al mismísimo Museo de Prado. Saboreaba la luz fresca de aquella mañana de primavera y el alma me susurró. Sí, seguro que conoces esa sensación, aunque lleves toda tu vida negándotelo; ese hilo fugaz, tenue, delicado, tan débil y fuerte.


En aquel momento nació el susurro de mi futura novela Flores Secas, y no fui consciente. En el mismo momento en el que el autobús de línea, parado por el tráfico intenso en el Paseo, se detuvo a la altura de la estatua de Velázquez que preside la fachada principal del Museo. Su efigie miraba más allá del parque medianero que divide el Paseo y que le da nombre; y seguí la dirección de esos ojos de bronce; al otro lado la fachada del Edificio del Ministerio Asuntos Sociales, y recordé lo que había leído sobre el palacio que ocupó aquella parcela décadas antes, El Palacio Xifré, una presunción neomudéjar, al gusto arabizante de su época, que había copado mi atención por encima de cualquiera de los casi cincuenta palacios que llegaron a existir en la Castellana madrileña y que, como él, sucumbieron al “progreso”.

El autobús seguía parado, esperando a iniciar la marcha. En mi asiento miraba a Velázquez, miraba el granito gris de la sierra madrileña de la mole ministerial, a uno y otro, al otro y al uno y lo supe y sentí miedo: ¿Tendrás la fuerza, serás capaz? Y la respuesta fue: Es la historia, eres escritora; ¡Escribe!

No sabía que mi primera novela se llamaría Flores Secas, Vidas del Palacio Xort. No sabía que cambiaría el nombre del palacio a una sola sílaba que transmitiese toda la fuerza de la obra. No sabía que mi novela me llevaría más de un año de investigación, visitas a hemerotecas y museos, consultas en Internet, peticiones a archivos. Ni tampoco que el borrador sufriría por mi inseguridad monstruosa de escritora en un cajón, mientras yo permanecía soñando.

El susurro seguía apareciendo y me empujaba a seguir, me guiaba en la fuerza de su debilidad, un hilo de brisa que apenas mueve la hoja de un trébol. El esquema de tiempo, la estructura, los personajes, el marco histórico, los protagonistas, la trama, las tramas, iban tomando forma, aparecían caminos. Las consultas continuas al diccionario, fuentes, diarios de la época, revisar los tiempos, los hechos históricos que usaba de lienzo sobre los que, paso a paso, dar forma a mi primera novela: Flores Secas. Vidas del palacio Xort.

Y con la historia terminada, o eso creía, volver, hacia atrás, hacia adelante, revisando si funcionaba, si todo encajaba; buscar ese primer lector, un borrador corregido tres veces, correcciones profesionales que me costeé arañando el presupuesto cotidiano. Frenar mis ganas de publicar y acabar sabiendo que el circulo aún no estaba bien cerrado, elegir un camino, el largo, y mirar, cansada, el último trayecto, el que ya no dependía de ti; encontrar editorial. Rechazar una y otra y otra y otra editorial hasta esa llamada tras la cual vino el contrato de publicación. Y más difícil aún, hacerles esperar un año entero para revisar y reescribir de nuevo toda la obra hasta, por fin, publicarla en octubre de 2024.

Seguiré paseando ese lugar que es parte de mi ser, que lo ha sido desde niña. Velázquez me mira con gravedad, y le doy las gracias porque en sus cuencas inmóviles me entiendo, y reconozco lo que he logrado y lo que sigue a partir de ahora.

Al otro lado de la calle, mi hija para me pregunta mirando los sillares de granito del ministerio ¿Estaba aquí, justo aquí, nuestro Palacio Xort y sus Flores Secas? Está, está aquí, y ya no se irá. En Flores Secas se encarna el Palacio Xort, cada vez que un lector se sienta y acepta el reto de su historia, acepta viajar a su propia emoción, navegando la intriga, las pasiones, juzgando a los buenos que se aman y a los villanos que odian sin recato.

Pasa, ponte cómodo, y disfruta del viaje literario de mi primera novela: Flores Secas. Vidas del Palacio Xort.

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Nieves - Mujer Escritora

Soy escritora, periodista, profesora, librera, vendedora. Entiendo a las personas porque las escucho. Tengo un don para redactar, escribir adaptándome a lo que el texto necesita, da igual la naturaleza de lo escrito.